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Mark“Muévete rápido y rompe cosas. Hasta que no estés rompiendo cosas no estarás yendo lo suficientemente rápido”

Mark Zuckerberg

Esta es la forma que tiene el 21º hombre más rico del mundo de expresar su manera de innovar en los negocios y que, obviamente, no le enseñaron en el colegio ni en el instituto.  Con sólo 30 años ha conseguido situarse en la élite de los negocios mundiales haciendo gratuito su servicio para los usuarios, no contaminando en el proceso y vendiendo “productos” que antes ni siquiera tenían valor. ¿Podría él haber conseguido esto en el 2000? ¿Y en 1990?

Posiblemente si Facebook hubiese salido a la luz cuando el Modem del ordenador aun hacía ese ruido tan particular para conectarse a 56 kbits/s por vía telefónica ya nos hubiésemos olvidado de él… por lo que nuestro amigo Mark estaría trabajando para una empresa cualquiera haciendo un trabajo anónimo mientras se preocupaba por vivir el sueño americano. ¿Qué cambió desde entonces?

Ya que estas leyendo este blog desde algún ordenador/tablet/Smartphone se sobreentiende que sabrás los cambios tecnológicos que hemos vivido desde los 80, pero ¿qué tanto sabes de los cambios generacionales? Aprovecha para echarle un vistazo a este video para refrescar ideas. 

Tanto Mark Zuckerberg como quien les escribe, pertenecemos a esa generación llamada Y (nacidos entre 1980 y 2000) marcada por los cambios a gran velocidad y la reducción del tiempo de espera para todo. Cuando nuestros padres tenían nuestra edad, su mayor preocupación al comunicarse era saber cuánto iba a tardar una carta en llegar o si la persona a la que llamaban iba a estar a casa para responder el teléfono, mientras que nosotros solo nos preocupamos si la batería del móvil nos dará para poder mandar un Whatsapp.  Sin darnos cuenta los privilegios de los 70 pasaron a ser nuestros derechos en los 90 y se crearon nuevas necesidades para ser convertidas en nichos de mercado hasta hacer de los lujos pasados productos de consumo habituales. Crecimos en un mundo sin URSS, en donde Estados Unidos era el vencedor ideológico y conquistador de la tierra e incluso la luna! Vivimos en casa de nuestros padres que tienen móviles surcoreanos, coches suecos, lavadoras alemanas, televisores japoneses, ordenadores taiwaneses, lavaplatos franceses, etc. Haciendo parecer nuestros hogares un congreso de la ONU. ¿Cómo explicarle a nuestras futuras generaciones que esto no siempre fue así?

 

 

Tantos cambios (para nosotros normales) se han acumulado de tal manera que hemos pasado de una etapa de cambios a un cambio de etapa, en especial en el plano laboral.  Muchas profesiones actualmente demandadas (community manager, programador Android o diseñador web) no existían cuando nacimos, y otras tantas (Gamer profesional) siguen siendo incomprendidas, al no querer entender que se puede cobrar por lo que te gusta hacer… Casos como el de Mónica de Oriol, quien públicamente pide que cobremos por debajo del Salario Mínimo Interprofesional (ver video) son representaciones claras del cinismo al que han llegado algunos con tal de evadir responsabilidades cuando ya hacemos prácticas no remuneradas o períodos de beca de hasta un año por 150€ mensuales (a razón de 160 horas al mes sale a menos de 1€ la hora…), no es de extrañar que no podamos salir de casa de nuestros padres hasta más allá de los 30 o que prefiramos trabajar en McDonal’s o Burger King donde, nada más al entrar, se gana mucho más, teniendo mejores condiciones contractuales y llegando a ser menos estresante al pedir menos esfuerzo mental.

 

Hacerse a la idea de que una carrera universitaria ya no garantiza un salario lleva a alguno a sumirse en un estado de depresión o de apatía completamente desmotivandos para continuar con sus estudios y/o trabajo, al menos en ese país.  Es así como surge de la Generación Y los bye-bye,  jóvenes emigrados con carrera, idiomas y conocimientos tecnológicos mejores que sus antecesores hasta el punto que han tenido que enseñar a profesores de universidad como buscar en Google, a tutores de prácticas como hacer fórmulas en Excel o presentaciones en Power Point y a los padres como llamarnos por Skype y que Plutón ya no es un planeta.  Mientras que los que llegan a estar contratados se les pide tienen como requisito estar callados y seguir procedimientos caducos y anticuados sin posibilidad de dar una visión personal para aportar valor al negocio y demostrar el talento dentro de ellos, recortando así el potencial y amoldándolo al resto, haciendo así de un futuro Usaian Bolt de los 100m un jugador de fútbol de un equipo cualquiera porque es lo que se lleva ahora.

 

Hemos pasado de un mercado en donde una beca en una empresa era la antesala de un trabajo indefinido a necesitar un año de experiencia para poder acceder a un puesto de becario, después de haber realizado prácticas no remuneradas. En otras palabras, hemos llegado a tener que pagar para poder trabajar supuestamente de manera “quilificada”. Por ello, resulta fundamental elegir una organización no para quedarnos, sino para poder aprender, ya que es lo único que nos queda, aprender.

 

Puede que el futuro parezca oscuro, pero ello sólo significa que harán falta pintura más brillantes para cambiarle el color. Puede que el cambio de rumbo en la política y un nuevo Rey sea suficiente para darnos cuenta todos que empieza el protagonismo de la #GeneracionYncomprendida

 

– ola #Hijo Q tal estas?

– Papá, recuerda que estamos hablando por Whatsapp, no por Twitter!

– Sigo sin comprender esto, mejor te llamo a tu Skype

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“Tres mil millones de vidas humanas se apagaron el 29 de agosto de 1997. Los supervivientes del fuego nuclear llamaron a aquella guerra: el día del juicio final. Sólo vivieron para hacer frente a una nueva pesadilla… la guerra contra las máquinas.” (Sarah Connor, Terminator 2: Judgment Day)

Con estas palabras abría James Cameron la segunda entrega de la saga de Terminator, aquel taquillazo que lanzó a Arnold Schwarzenegger a la fama en los ochenta haciendo de androide inteligente proveniente de un mundo futuro dominado por Skynet, un sistema informático que había desarrollado conciencia propia y revelado en contra de la raza humana.

Aunque como podemos apreciar las máquinas no se han revelado contra la humanidad (toco madera), cierto es que nuestra relación (en especial la laboral) con ellas ha cambiado radicalmente, hasta el punto de que la mismísima Sarah Connor debería seguir preocupada, aunque no porque se revelen y nos quiten la vida, sino porque nos quiten el trabajo.

Del hilar a la app: desde la implantación de los telares mecanizados en la Inglaterra colonial hasta las líneas de producción de Ford en Detroit, todo cambio sustancial en la producción ha venido acompañado de críticas (en varias ocasiones violentas como las revueltas ludistas de Alcoy en 1821) que sólo han conseguido retrasar lo inevitable. Sin embargo, los cambios actuales no sólo siguen produciéndose en las fábricas, sino que han empezado a transformar sectores como la televenta, restauración e incluso logística; todo ello mediante la programación de aparatos que realizan operaciones cada vez más complejas y que se han reducido a pulsar una serie de botones.

 

Tres grandes ejemplos:
La cajera convertida en caja: El primer ejemplo debería de ser el gran miedo de Sarah. Si hemos visto la primera parte de Terminator posiblemente no nos acordemos que la protagonista trabajaba en un típico Dinner americano atendiendo y cobrando a los clientes. Desde hace unos años las grandes cadenas de comida rápida americanas han empezado a introducir máquinas de autoservicio en sus restaurantes para agilizar los pedidos de los clientes y así reducir plantilla. Su funcionamiento es simple, basta con seguir los pasos en la pantalla, introducir el dinero y como por arte de magia te facilita el número del pedido que en varias ocasiones es cocinado antes que el resto. En locales con afluencia de clientes internacionales supone una inmensa comodidad al poder hacer el pedido en tu propio idioma (sin la necesidad de tener personal políglota) tan solo con pulsar el ícono de la bandera de tu país. Posiblemente en 2030 se logre automatizar hasta la cocina y solo se necesite a un técnico de mantenimiento por cada local para así conseguir ahorrar la totalidad del coste salarial que supone la plantilla humana. Lo siento Sarah.

La Taxi app: Posiblemente todos hayamos visto al menos una película en donde el protagonista salía a la calle, levantaba el brazo, silbaba y gritaba: ¡Taxi! En la actualidad podríamos reescribir el guión de la película situando a la persona en medio de una acera sujetando su smartphone y encargando un taxi por medio de una app que localiza al usuario gracias al sistema GPS, contacta con el conductor más cercano, le indica la ruta hacia la persona y posteriormente hacia el sitio donde desea ir. Por mucha ficción que pueda parecer ya se puede descargar en el móvil.

Libros voladores y cámaras motorizadas: El tercer ejemplo de ciencia ficción llevada a la realidad aun esta en fase beta aunque no tardará mucho en hacerse el más polémico después de implantarse. Estamos hablando de Amazon y su búsqueda por el envio express, en esta ocasión por aire. A finales del año pasado la empresa reveló su secreto mejor guardado: utilizar drones para el envio de mercancía, en otras palabras, automatizar la distribución de los pedidos haciendo prescindible su aparato logístico (los centros logísticos reciben los pedidos por internet y automáticamente cargan al dron con el paquete físico y la información necesaria para su entrega) y del sector del transporte tradicional (camión, furgón, etc.). Sin embargo Google lleva años usando esa filosofía con el Google Car, que posiblemente hayamos pillado infraganti fotografiando nuestra calle sin saber que en muchas ocasiones se desplaza sin conductor humano. ¿Para cuándo R2D2 nos traerá la pizza?

 

Conclusión optimista: Ante todo siempre tenemos que tener presente que las máquinas son programadas por personas y que Skynet (o cualquier programa consciente) sigue siendo ciencia ficción. Toda aplicación, máquina o programa sigue siendo una herramienta para el trabajador (que seguirá siendo humano) y que su cometido es aumentar la producción, no monopolizarla. Sin embargo, debemos empezar a cuestionarnos nuestro papel laboral y comenzar a plantearnos la siguiente pregunta ¿Qué hago yo que una máquina no pueda hacer? Por lo que la próxima vez que acudamos al trabajo (o estemos en su búsquedal) debemos evitar convertirnos en máquinas y ser personas. En otras palabras, debemos recordar que la complejidad de nuestras tareas no reside tanto en la acción como en la interacción humana. La complejidad en la hostelería no se encuentra en el número de bebidas o platos que uno sirva, sino en la experiencia del consumidor, en sentirse atendido y tratado como una persona por otra persona, no por una unidad bípeda que anota y despacha pedidos sin siquiera desearte buen provecho.

Por lo que el consejo de hoy no es más que ser personas; empezar nuestra jornada diciendo “buenos días” y acabándola con un “hasta mañana” sonriente, y sabiendo que, en caso de abandonar estas prácticas, nos estaríamos comportando igual que las máquinas, por lo que no nos debería extrañar que algún día seamos sustituidos por un androide T­800.


 

tulipanes

Una tarde sentado en una pradera virtual, me cautivo el susurro pintoresco de los tulipanes. Ya les conocía, los había visto y había escuchado  acerca de ellos, pero nunca me preocupé por escucharlos, a fin de cuentas: ¿Qué me podrían decir unos simples tulipanes?  Mejor aun: ¿Qué podría imaginar que me pudiesen decir los tulipanes?

 

Puestos a hacer esa escucha imaginativa por qué no preguntar por cómo llegan los tulipanes a convertirse en lo que vemos, cómo crecen y se desarrollan hasta ser lo que son.  A todo ello un tulipán respondió:

 

– Ante todo no somos lo que queremos, sino lo que quieren que seamos.   No elegimos nosotros, venimos condicionados por los que nos precedieron, sólo podemos elegir nuestro color y una vez hecho no se puede cambiarlo,  naces amarillo y mueres amarillo. Esto nos hace la vida mucho más fácil.   Sé de uno que quiso ser más alto que el resto para que le diese más luz, vaya iluso, no sabía que eso no se debe hacer.   Aquí todos tenemos que ser iguales,  así que le dejamos crecer mientras que el resto nos pusimos de acuerdo para darle una lección; decidimos hacer crecer más nuestras raíces para absorber más agua.  Si el puede crecer para para arriba, nosotros también le podemos crecer para abajo.

– Pero qué tenía de mal que creciese ¿A caso perjudicaba a alguien?

– Sí.  Si te han educado para no resaltar nos sentimos ofendidos que alguien quiera hacerlo.  No es justo.

– ¿Y si uno se queda atrás y no consigue estar a la altura del resto?

– Más luz para los demás.  Que alguien se retrase en crecer no es nuestra culpa.  Además, nuestro trabajo es ser vistos, no nos podemos parar por otros, sino no iríamos a ninguna parte.  Además, a mi no me fue difícil, nos enseñan a ser vistos, nada más.

– O sea, sólo sirven para ser vistos, entonces si quien les ha plantado necesita comer:  ¿Qué hace con los tulipanes?

– Nos han enseñado a ser lo más bonito del paisaje, las patatas pueden nutrir mejor, pero son tan feas que por eso crecen bajo tierra.  Yo nutro el paisaje, eso es más importante y más difícil, cualquiera puede dar de comer.

– Entonces por qué los tulipanes no dan de comer.

– Sólo se puede hacer una cosa bien a la vez, para hacer lucir estos paisajes hay plantarse bien en la tarea y no moverse de ahí hasta que salga.  Tenemos las raíces bien arraigadas para no cambiar de objetivo pase lo que pase.

– ¿Qué pasaría si necesitasen plantar comida en vez de colorido?

– Eso nunca pasará, para eso nos apoyamos entre todos.

– ¿Igual que cuando uno crece de menos? Así no me extrañaría que los terminasen cortando, y desgraciadamente ese será el momento en el que tú, amigo tulipán, te darás cuenta que todos son iguales.  Cuenta la leyenda que los tuyos vinieron hace siglos desde oriente, en donde tus familiares no paraban de cambiar y de cambiar, de ahí tus distintos colores.  Todo quien quería o no crecer, podía hacerlo, no había límites sólo ganas de hacerlo.  Un día, alguien intentó plantar en vez de preguntar.  En vez de consultarle a la gente al rededor de si los tulipanes eran una buena idea, simplemente plantó cuantos pudo, sin orden, sin ciencia, sin más propósito de hacerlo porque así quiso.   Obviamente plantar requiere menos esfuerzo que preguntar,  y una vez plantados es aun más difícil cambiar.  Cuando los tulipanes empezaron a crecer sin ayuda ni guía, nadie se quejó.  Había tierras de sobra para plantarlos y costaba más quejarse y hacer algo que simplemente quedarse viendo como crecen y crecen.  Cuentan otras voces que en aquel oriente hace un par de años le dieron otro uso; un uso político.   ¿Te puedes creer que hicieron de los tulipanes una revolución?  Sacaron aun presidente corrupto y autoritario del gobierno con hacer lo que un tulipán hacer, juntarse muchos (aunque sean de distintos colores) y dejarse ver durante mucho tiempo.  ¿Qué crees que podría hacer un tulipán si fuese enseñado de otra manera, para mejorar constantemente, no envidiar, poder cambiar y producir de modo que ni siquiera las patatas puedan ser mejores que un tulipán?

– No se, eso no me lo han enseñado.

Mapa europeo

Si nuestro planeta tiene 360º, por algo habremos elegido verlo solo de una forma, porque lo hemos elegido ¿No?

 

 

Ojeando un mapamundi noté algo raro: ¡Europa no estaba en el centro! Inmediatamente me acordé de los mapas que estudiaba de joven en Venezuela, en donde nosotros eramos el centro, junto a USA.   ¿Cómo es eso posible? ¿Quién está equivocado?  La respuesta es: ninguno, la realidad es que cada quien hace lo mismo, nos enseñan a sentirnos el ombligo de un cuerpo sin darnos cuenta que las manos piensan igual.  El primer mapa refleja la manera británica, en donde Europa se encuentra en el centro, pero no sólo del espacio sino también del tiempo, o acaso el concepto del Greenwich Mean Time (GMT) es pura casualidad.

 

 

USA-E-XChannel-I

Por su lado los norteamericanos, primos hermanos de los ingleses, no podían ser menos, estableciendo en sus mapas el continente “descubierto” por Colón como centro de sus mapas.  Son expresiones como “descubrir” las que fomentan una forma de pensar etnocéntrica (ver todo desde nuestra cultura), personificada genialmente por Antonio Recio en La que se avecina, hablando siempre de panchitos que vienen de la selva amazónica en un pájaro metálico a quitarnos el trabajo.  Puede que el ejemplo sea bastante exagerado, pero condensa bastante bien las barbaridades que se pueden llegar a decir.  Caso particular es el de los ingleses que dicen conducir por el left side (lado izquierdo) y que en vez de decir que casi el resto del mundo conduce por el right side (lado derecho aunque también se interpreta como el lado correcto) hablan de nuestro sentido de conducción como the other side (el otro lado).

 

 

Mapa chino

Pero, no solo de anglosajones es el mundo, por lo que los asiáticos también tienen su mapa en donde se puede ver un centro planetario distinto.  Otro grado de los 360º que componen el planeta azul y que muchos dirían que con el despertar de Asia en las últimas décadas, todos utilizaríamos esta manera de ver el globo en la actualidad.  Es ahí donde la cultura sin territorio entra, Internet y Google en especial nos acercan el mundo de una manera nunca antes vista: Google Earth,  con imágenes que en muchos casos podemos completar con Google Street, en donde nos metemos en vehículo de la empresa para dar vueltas por el mundo (al menos por donde se le ha permitido ir).  Muchos nos hemos acostumbrado tanto a consultar direcciones a través de esta herramienta que no sabríamos qué hacer si no estuviese.   Lo que resulta curioso de Google, es que nos acerca a un nuevo centro del mundo, el nuestro.  Este programa puede tomar como ubicación por defecto nuestra ciudad como centro del mapa, por lo que renunciamos a ese etnocentrismo y tendemos al individualismos.  ¿Qué consecuencias tiene esto?

 

 

Actualmente las empresas que se dirigen al público en general ven la necesidad de adaptarse a las necesidades/caprichos del público para poder triunfar, o al menos salir a flote, véase desde INDITEX que ha llegado a donde está con su sistema del Just-in-Time a cualquier marca como NIKE que ahora te permite elegir la talla, el diseño e incluso personalizar con número y demás tus zapatillas del deporte que te venga en gana.  Algunos psicólogos critican este modelo económico que permite elegir entre una amplia variedad de artículos, ya que, al elegir la opción que para nosotros es la mejor, dudamos en si había alguna otra elección a tomar que fuese mejor, creamos un disgusto innecesario motivado por la duda de lo que no sabemos y por la libertad de haber tomado la decisión.  ¿A caso era mejor facilitar las decisiones por no tener libertad a decidir, o es un privilegio de cuyo honor somos primerizos?  ¿Hemos de criticar los nervios ante la decisión de ser ingeniero o médico, o dar gracias por no estar encasquetados en estamentos sociales inmóviles como hace siglos en donde se nacía pobre y se moría pobre sin derecho a réplica?  ¡Qué bueno poder criticar que podemos decidir criticar!

 

 

-Papá, papá ¿En dónde vivimos?

-¿No has visto el felpudo? En la república independiente de mi casa

@Vik_Vang

Welcome back… for a while

Avion 12 (1)

De la generación “ni-ni” a la generación Bye-bye.

 

 

A la vuelta de Alemania me sorprendió no encontrar a ninguno de esos viejos amigos que siempre veía a la salida de cada bar y decían: venga, vente con nosotros que vamos a… ¿Quién nos iba a decir que ese “a…” desembocaría en Alemania, Francia, Bélgica en un par de años?  Todas esas caras conocidas de hace años que se habían diluido con los años han vuelto estos días, y por desgracia sólo estos dias.  Si no fuese suficiente, hace un par de días mi hermano nos comunicó el nacimiento de su hijo (que llegó antes que su nombre) y que por desgracia por fortuna nació en Canadá y aun no le hemos podido ver más que por Skype, así que de momento sólo soy su Tío cibernético (nuevo modelo de familia aun no reconocido).

 

 

Antes del 2008 nos comentaba un profesor sobre la nueva ola de movimientos migratorios protagonizada por jóvenes con alta formación académica y que salían en búsqueda de un futuro.  Muchos hicimos muecas de sorpresa y de rechazo a tal idea, básicamente porque lo que habíamos estudiado de la materia no contemplaba dicho movimiento migratorio, y posiblemente aun no se quiera contemplar.  Pasados unos años se nota claramente que ese goteo constante ha dejado el vaso medio vacío y sin perspectivas de mejora (al menos para el vaso).   Sin embargo, ahora no existen términos como “indianos”, los que iban a las indias para hacerse ricos y volver a España a invertir ese dinero como  José Rivera, fundador de lo que luego se conocería como  Hijos de Rivera, S.A. entre otros.  Gente que veía la situación local como un problema externo y que veía en la emigración una posibilidad de ayudar a los suyos en un futuro no muy lejano.  La situación actual no tiene nada que ver con las historias de nuestras generaciones predecesoras,  marcadas por un sistema social, en muchos casos, casi igual que el feudalismo de hace cientos de años.  Tampoco estamos viviendo o acabando de salir de una Guerra Civil que destruyese todo lo que había y dejase un régimen dictatorial, represivo, de caciquísmo y autarquía. No, nosotros vivimos en una sociedad marcada por todo lo opuesto al pasado  un pasado del cual no hemos querido terminar de salir, al intentar adaptar todo lo que nos llevó a la guerra y crisis cíclicas que siempre afectarían a los mismos, en vez de cortar de raiz.  Criticar una realeza desfasada pero aspirar a comportarse igual que ellos, hacer caso a políticos (de profesión empresarios) que pretenden dividir un territorio multicultural utilizando como arma arrojadiza lengua y cultura en vez de atrevernos a viajar por el por el puro placer de conocernos.

 

 

Siempre se habla de la emigración como algo perjudicial para el individuo, sin ver que posiblemente sea más negativo no moverse.  Lo que no se plantea es lo perjudicial que es tener a una generación formada escapando de un país que le solía dar todo, para preferir ser explotados en otras naciones hambrientas por ahorrase la incubación de tanto talento.  Para muchos, no todo en otros países está mejor que aquí, pero aun así vale la pena irse ¿Por qué?  Primero puede ser porque aun estando titulados en España, se ve que las preguntas a las que nos han enseñado a responder, no valen de nada en el mundo globalizado actual y aun valen menos si estás en otro país… Estamos aprendiendo a encontrar respuestas a preguntas que nosotros mismos hemos sido forzados a plantearos.  Segundo, nos hemos olvidado ejemplos como el de Paco el Pocero, que de la nada levantó su imperio (no como Marisco Recio, sino de verdad) y que no necesito que le metiesen en la cabeza el sueño de ser funcionario para darse la buena vida, eso sí,  cuando se la ganó fue a base de trabajo e intuición para los negocios.  Puede que no sea un personaje ejemplar en su totalidad, pero sí en ciertas acciones de superación.  En detrimento, fuimos educados en ver al funcionario como el colofón de una carrera intelectual para la cual no hacía falta pensar en investigar, sino chapar y chapar.  Viendo que dichas promesas de una vida próspera motivada por el estudio se fue derrumbando al ver como un albañil cobraba más que un contable y que para llegar a algo en una empresa había que pasar por años de becario antes de pintar algo.

 

 

Un día escuché algo como: si siembras odio verás crecer guerra.  En este caso era más como: si siembras sueños vacíos verás crecer decepción.  Esa decepción fue la planta que dio como fruto a esa generación llamada por los políticos como “ni-ni”, término frívolo que intenta antropomorfizar la culpabilidad de quienes tuvieron en las manos la posibilidad de hacer cambios y decidieron seguir con lo establecido que ya había enviado al exilio a dos generaciones previamente.  Si riegas esas mentes jóvenes con las esperanzas de darles un trabajo mejor que el de sus padres, no puedes esperar hacer recortes por doquier como solución de la desilusión colectiva.  Obviamente el problema es mayor que esto, pero será mayor si quien esta formado y motivado para solucionarlo se va a trabajar a Bremen o a  Heidelberg porque ahí si que saben reconocer el talento.  Mientras la crisis siga encubriendo la solución del futuro, toda medida tomada seguirá siendo sólo un calmante a una patología cuyo remedio queda opacado por la necesidad de aliviar ese dolor de inmediato, sin pensar en los efectos secundarios. 

 

 

Pero, ¿Qué pasará con los aventurados que hemos decidido volver/quedarnos?  ¿Podremos ayudar a arreglarlo? ¿Estaremos más años de becarios esperando que la generación del Baby-Boom termine de jubilarse para entonces dedicar el 100% de nuestro sueldo a mantener sus pensiones por las que tan duro trabajaron durante 40 años?  Organismos internacionales predicen que en 2060 China e India serán las primeras potencias mundiales básicamente porque contarán con la población más joven del mundo, mientras que Europa y USA se sumirá en una recesión al tener que mantener tantos mayores con tan pocos jóvenes.  ¿Vale la pena dejar ir a los pocos que ya hay?

 

 

-Papá, papá, ¿Física tiene salidas?

– Sí hijo, 3: por tierra, mar y aire.

Feliz año nuevo a todos, ya veremos como el 2013 será mucho mejor

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¿Cuántas veces podrá acabarse el mundo antes de que realmente se acabe? Parece que cada década será la última, curiosamente siempre lo dice Nostradamus (o mas bien NosTragamos).

 

 

 

Temas como el Apocalipsis, de los cuales Jesucristo nunca habló, han sido una de las piedras angulares de la sociedad occidental.  Ese miedo a la represalia ha sido el motor del comportamiento social humano, motivándonos a mantener unas pautas “adecuadas”, acordes a los principios culturales.  No es de extrañarse que necesitemos una pequeña amenaza para comportarnos de una manera cívica, puesto que sin ellas haríamos Dios sabe qué…  En otras palabras, decirle a alguien: “quien se porte mal morirá y todos con él2.  Suele resultar más efectivo que: “por el bien de todos, por favor no hagas eso”.

 

 

Claro que habrá final, pero resulta curioso que cada pocos años vaya a haber un Armageddon.  Tanto la primera como las segunda Guerra Mundial supusieron un referente moderno en el tema, en especial teniendo en cuenta que después de la ascensión de Hitler al poder, parecía que hubiese llegado el principio del fin del mundo, el Anticristo.  También se dijo algo del tema al constituirse el estado de Israel, o cuando la Guerra Fría (no la de los osos polares contra los pingüinos) y la crisis nuclear, esa bonita época en la que se preparaba a los niños para protegerse de un ataque nuclear, curioso proviniendo del único país que ha utilizado este tipo de armamento sobre otra población civil.  Por ello al final de la década de los cuarenta, un grupo de científicos que participaron en el proyecto Manhattan crearon el Doomsday Clock (foto), un reloj que marcaba cuanto faltaba para el fin del mundo.  Aunque tenían unos objetivos bastante correctos (hacer conocer riesgo globales que podrían desencadenar catástrofes), vuelve a utilizar el miedo como mecanismo de concienciación colectiva.  Obviamente todo sigue con el Y2K y por supuesto, los mayas.  En la mitad de estas posibles catástrofes mundiales siempre aparecía Nostradamus, a quien parece que citar siempre funciona…  Eso sí, estas “profecías” pueden ser aplicables a guerras, hambrunas, tecnología, corrimiento de los polos, radiaciones solares, etc…  Pero tranquilos, luego se hablará de que Newton identificaba el fin del mundo en 2060… y como el fue físico puede que tenga mas criterio.

 

 

Es curioso que un gran canal de documentales como National Geographic saque ahora programas sobre la falsedad de esta profecía, cuando ellos mismos hace un par de años dedicaron una semana entera a Nostradamus, los mayas y el fin del mundo.  En uno de esos documentales, se desplazaron a México a preguntarle a los indígenas autóctonos que pensaban sobre esa profecía del 2012, a lo que ellos respondían: ¿Qué profecía? Después hablaban con un antropólogo mexicano que apuntaba el origen de este rumor (mas que profecía) en Europa, y en esa obsesión por magnificar todo.  Es más curioso aun que solo se tengan en cuenta ciertos aspectos mayas en vez de toda su cultura, protagonizada por sacrificios humanos, pero bueno, eso no vende tanto como lo otro.  En un capítulo de South Park utilizaban la expresión “es como hacerte tu propia tarda y comértela también“, o sea, crear un mercado y ser el único que puede explotarlo.  Es así como ahora podemos ver esa gran serie sobre familias que se preparan para el fin del mundo con bunkers, alimentos, armas, etc.

 

 

Todo este proceso de inducción al pánico colectivo parte de nuestra ignorancia acerca del tema, obviamente aumentada por estos pseudo-documentales apocalípticos con imágenes de destrucción total magnificados por películas como 2012, las cuales sólo intentan explotar este miedo natural a la muerte para vendernos material audiovisual, al igual que otros como Axe venden, por su parte, algo que nos va a ayudar a aparearnos.

 

 

Pero demos un voto de apoyo, ¿A caso hacemos algo igual de rápido si no tenemos fecha límite? ¿A caso necesitamos a alguien amenazándonos con represalias para levantarnos del sofá y empezar a hacer algo?  En el fútbol americano existe este gran discurso sobre la última jugada: Last Play.
Fue pronunciado por un coach americano de instituto antes de una semifinal estatal de su equipo, en él habla sobre la importancia de jugar cada jugada como si fuese la última, porque sino lo haces, puede serlo.  Lo grande de ese discurso es que quiere hacer el futuro presente, que uno piense en cómo quiere que sea el futuro, cómo quieren los jugadores ser recordados y luego hacerlo, no se puede dejar para mañana.  En una manera algo retorcida es parecido al fin del mundo, aunque sólo sea del mundo futbolístico de cada joven del equipo, ese miedo a dejar pasar oportunidades que nunca volverán motiva a cada uno para jugar mejor, más rápido, más fuerte y con menos miedo.  Sí, el miedo a que todo acabe pronto te quita el miedo a hacer cosas que de otra manera nunca harías.  ¿Necesitamos ser motivados por miedo o podemos buscar otros incentivos?

 

 

-Duérmete niño, duérmete ya, que sino viene el coco… y te comerá

 

 

Si es cierto que el mundo no se acabará, vuelvan el viernes, y sino, muchas gracias por vuestro tiempo.

@Vik_Vang 

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¿Cómo se puede traducir Die hard a Jungla de cristal?  ¿O es mejor Star Wars por La guerra de las galaxias? Puede que el título sea algo secundario, pero hay tramos de las películas que sinceramente no tienen sentido alguno.  Cuando el Inspector McClain sale de Central Park y necesita una ambulancia para que le abra paso por las concurridas calles de New York dice en la versión en español: esto es como el rugby, necesitas un bloqueador que te vaya abriendo paso y boom, ensayo.  Para empezar, en el rugby un jugador no puede bloquear a oponentes mientras uno de su equipo lleva el balón, y si no fuese suficiente, McClain, por muy escoces que suene, es americano ¿No tiene más sentido pensar que football en ese contexto es fútbol americano y no rugby?

 

 

Obviamente, esto no cambia el sentido de la película, pequeñas erratas se pueden encontrar en cualquier film, al igual que en cualquiera de nosotros.  Pero: ¿Qué pasa cuando son significativas u omiten información?

 

 

Al inicio de la semana leía el blog de mi amigo Carlos una pequeña reseña sobre inteligencia colectiva, y aunque lo aborda de una manera bastante práctica, tocando el tema de la lucha contra el desconocimiento, cierto es que razón no le falta aunque se puede ampliar.  Con Internet podemos comparar precios de infinidad de artículos, facilitando la selección más acorde a nuestras necesidades, dejándonos acceder a más información que si sólo vamos al Carrefour por nuestra cuenta pidiendo consejo al encargado.  Pero ahí no queda la cosa, podemos ir más allá y conseguir información específica (muchas veces gratis aunque ello significará más anuncios) (y mientras más gratis más posibilidad de que sean de páginas porno) acerca de temas científicos, pero ¿Hasta que punto son fiables?  ¿Cómo podemos contrastar la información?

 

 

Hace unos meses tuve la suerte de dar con una TED talk de Steven Johnson con título Where good ideas come from.  Hacia el final explica como surge el GPS gracias a la inteligencia colectiva.  El 4 de Octubre de 1957 los rusos lanzan al espacio el Sputnik, el primer satélite hecho por el hombre, mientras que al otro lado del globo, en Maryland (US) William Guier y George Weiffenbach comentan el hecho.  De repente, se les ocurre escuchar la señal del artefacto, para lo que contaban con las instalaciones del laboratorio de física aplicada de la Universidad Johns Hopkins’s (nada que ver con Stephen Hopkins).  Empiezan a grabar los pi-pi-pi del satélite y pronto se dan cuenta que podrían localizarlo midiendo el tiempo que tarda en llegar la señal a la antena y demás principios físicos que, como sociólogo, he de admitir que no tengo ni idea.  Después de cuatro semanas, consiguen trazar perfectamente la ruta que sigue el satélite, conociendo sólo la ubicación del laboratorio y escuchando la señal que emitía.  Un par de semanas después su jefe les llama para proponerles una nueva idea: conocer una ubicación desconocida en la tierra sabiendo donde se encuentra el satélite en el espacio.  Aceptan la propuesta y después de estudiarla se dan cuenta que sería incluso más fácil, lo cual le vino como anillo al dedo a la marina americana, ya que necesitaban un dispositivo para localizar los submarinos desde los cuales podían lanzar misiles nucleares en caso de ser necesario.

 

 

Cierto es que aunque el primer uso que se hizo del GPS no sería el más deseado de cualquier invento, muchos proyectos científicos que han cambiado nuestras vidas han venido motivados por causas parecidas, ejemplo: Internet.

 

 

¿Qué tiene que ver esto con estar Lost in Translation?  Después de escuchar este relato, acudí a la Wikipedia para ver si era verdad (o al menos si decían algo de su veracidad).  Por lo general suele confirmar este tipo de historias, pero al acudir al artículo me lleve una gran decepción, puesto que sólo mencionaba a la armada estadounidense como la responsable de dicho invento.  O sea, que o nuestro amigo Steven mentía o la Wikipedia, fuente de todo el conocimiento actual, resultaba ser una farsante.  Sin embargo, cometí el error de leerlo en el idioma menos indicado, ya que en la versión en inglés sí que confirma este relato tan inspirador, aportando aparte un artículo externo sobre ello.  Es curioso como depende de en que idioma leamos, podremos obtener cierta información o no, al igual que depende de en que idioma veamos una película McClain hablará de rugby o de fútbol americano.

 

 

Aunque al empezar a jugar fútbol americano si me sulfuraba al ser confundido con un jugador de rugby (y estoy seguro que a uno de rugby le pasará lo mismo al ser confundido con uno de fútbol americano), luego me di cuenta que no es posible que todos, por defecto, se confundan entre deportes, a menos que haya un problema subyacente.  Con el tiempo cayeron en mis manos todos los ejemplos de ello, desde disfraces de jugador de rugby (que en los detalles dice que es de fútbol americano) hasta libros científicos.  Durante la carrera hice varios trabajos sobre sociología del deporte y uno de mis libros de referencia fue Historia cultural del deporte, por Richard Mandel.  En una de sus ediciones en español trataba al deporte de Joe Namath como “rugby americano”, no siendo culpable el pobre escritor que seguro poca culpa tiene de que la editorial haga esto.   Para quien no sepa las diferencias entre uno y otro sería más o menos comparable con decir que el tenis, el bádminton y el ping-pong son lo mismo…

 

 

Por supuesto, existen esas adaptaciones de lo americano a España como la que quiso hacer la Plataforma de apoyo a Zapatero con aquel mítico vídeo ya olvidado de la ceja, el cual, coincidencialmente salió menos de una semana después de aquella maravillosa pieza audiovisual de varios artistas americanos para apoyar al entonces candidato Barack Obama.  Adaptación o inspiración no se sabe, pero copia seguro que no, quién vería a más de uno de los que participaron en aquella campaña al final del mandato del presidente socialista…  Lo cierto es que hay que quitarse el sombrero ante ellos, al final de cuenta consiguieron que en contexto de crisis (aunque no admitida) Zapatero fuese reelegido, todo gracias a una gran campaña de imagen, posiblemente inspirada en aquel famoso discurso: Yes, we can.  De nuevo, otro caso de inteligencia colectiva ampliada y adaptada (traducida) a otro ámbito completamente distinto.

 

 

-Papá, papá ¿Qué significa esto?

-Búscalo en el diccionario, sino nunca lo aprenderás.

 

 

 

Hasta el domingo, último post si es cierto que acaba el mundo en 21…

@Vik_Vang